dimarts, de gener 16, 2007

La herida

No sospechaba la magnitud
que alcanzaría ese rápido colapso.

Ese impreciso instante en el que
unos ojos se detienen y nos miran,
y parece que nunca antes nos han mirado.

Ese indeterminado instante
en que uno tiene la sensación
que la garganta se cierra y le estrangula.

No sospechaba que el cataclismo que
traías contigo, se prolongaría
más allá del año que estuvimos juntos.

He de confesarte,
después de haberlo hecho conmigo mismo,
que no significas para mí
ese amor incompleto,
ese rencor que deja estar solo,
esa desesperanza de amanecer entre lágrimas,
ese volar contigo y caer desde lo alto;

No.

He de confesarte
que toda esa suerte de desengaños
que ha supuesto el estar contigo,
no ha sido más que la herida
con la que desperté;
la herida que me dijo: está
aquí el mar y atardece.

La herida que todavía hoy,
solo con evocar tu rostro,
se abre y duele como la primera vez,
se abre y me recuerda que estoy vivo